Las más de 12.000 personas que habitaban el devastado campo de refugiados e inmigrantes de Moria, en la isla de Lesbos, han pasado su tercera noche a la intemperie, durmiendo sobre mantas, cartones o, en el mejor de los casos, en pequeñas tiendas de campaña puestas a salvo de las llamas.

El jueves por la tarde un tercer incendio acabó con lo poco que quedaba del campo. Destruido quedó también el olivar que rodeaba las instalaciones regulares y en el que vivía la mayoría de los habitantes de Moria.

El ministerio de Migración comunicó que ya se ha trasladado a la isla el material necesario para el alojamiento y que se ha empezado a repartir comida y agua a la población. En un comunicado, el ministerio señaló que está haciendo “todos los esfuerzos posibles para abordar los problemas existentes, así como para encontrar una solución para dar vivienda a los migrantes”.

En su mensaje sobre la trágica situación de Moria la Presidente de la República Griega, Katerina Sakelaropoulou, resaltó que:“el problema de los refugiados e inmigrantes es, ante todo, un problema europeo”.